Cultura

Manuel J. Castilla: La Voz Poética de los Marginados y la Explotación en el Ingenio

Manuel J. Castilla: La Voz Poética de los Marginados y la Explotación en el Ingenio
  • Publishedmarzo 21, 2025

La poesía de Manuel J. Castilla, un hombre profundamente comprometido con su tiempo y sus raíces, sigue vigente como una aguda crítica social que trasciende generaciones. Su obra, en particular el poemario Luna muerta (1943), sigue desnudando las desigualdades y luchas de los trabajadores del azúcar y los pueblos originarios. Publicado cuando el autor tenía tan solo 25 años, Luna muerta se muestra como un testimonio de la injusticia social que afecta a los más vulnerables, un canto desgarrador de los que viven en los márgenes de la sociedad.

Este poemario no solo es un grito contra la opresión y la explotación laboral, sino también un homenaje a aquellos que viven al margen de las grandes promesas de progreso y civilización. Castilla dedicó su segundo libro “a los indios del Chaco de Salta” y se sumergió en la cruda realidad de la vida de los trabajadores de los ingenios azucareros y de los pueblos del norte argentino.

En los versos de Luna muerta, se encuentra la imagen de Inocencio, un personaje marcado por la pobreza y el olvido. Castilla no lo describe como un vago, como la sociedad podría etiquetarlo, sino que revela la dura realidad detrás de su silencio y su aparente pasividad: «Inocencio es un vago / porque no acarrea leña / ni lleva tachos de agua / por una camiseta…». A través de la figura de Inocencio, Castilla invita al lector a cuestionar las razones de esa inacción. Tal vez no sea pereza lo que lo define, sino la falta de oportunidades y el peso de una vida marcada por la exclusión.

Otro de sus personajes emblemáticos, Juan del aserradero, se enfrenta a la miseria que genera el trabajo mal remunerado y la explotación. En los versos de Castilla, se plantea la duda de si realmente Juan se emborrachó porque quiso o si, por el contrario, fue el sistema el que lo empujó a esa espiral de autodestrucción. “Ayer, Juan ha cobrado / y en el bolsillo apenas si tiene una moneda” resuena como una crítica al salario injusto, al cansancio extremo, y a la vida de los obreros que ven cómo su esfuerzo nunca se traduce en una mejora real.

Castilla también se fija en los trabajadores de los ingenios azucareros, que, a pesar de las arduas jornadas de trabajo bajo el sol abrasante, apenas reciben un pago que ni siquiera cubre lo esencial. El poema “No vayas al Ingenio” es una advertencia a los más jóvenes, una advertencia que retrata la dura vida en los campos de caña: “Que en el Ingenio, al alba / sonará la campana, / y volverás de tarde / cuando la tarde caiga”. En sus versos, Castilla no solo expone la explotación física, sino también la muerte del alma de los trabajadores: “El Ingenio te mata / con el sol que te abrasa”.

En su trabajo, Castilla no se limita a poner en evidencia las injusticias, sino que, con una mirada profunda, pone al descubierto el mecanismo de opresión que se disfraza de normas sociales. El poema “El capataz” es una de las representaciones más claras de este proceso: el capataz, encargado de someter a los obreros, es descrito casi como una estatua, símbolo de la deshumanización del poder y la opresión. Frente a él, los trabajadores, exhaustos y silenciados, apenas pueden hacer frente a un destino que parece inevitable.

El simbolismo y la denuncia social en la obra de Castilla continúan resonando hoy en día. Al igual que Atahualpa Yupanqui, quien también se erige como voz de los oprimidos, Castilla no grita por sus personajes; simplemente observa su sufrimiento y denuncia el sistema que los margina y explota. Luna muerta no solo es un testimonio de su época, sino una obra que invita a la reflexión sobre la vigencia de esas desigualdades.

Quizás uno de los momentos más poéticos de esta denuncia se encuentra en su poema «Evangelina Gutiérrez», donde describe a una joven que, al deschalar la caña, siente que el aire se azucara a su alrededor, pero también percibe que a cada golpe de machete le están cortando la infancia. Este poema, incluido en su libro El cielo lejos (1959), ofrece una imagen vívida del sacrificio de los trabajadores, especialmente de las mujeres, que viven en un ciclo interminable de trabajo y sufrimiento.

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