Un mundo escondido en Salta: Cuevas de Acsibi
La gran mayoría de los visitantes que circulan por la legendaria ruta nacional 40 en su recorrido por los Valles Calchaquíes sigue de largo, sin detenerse para conocerlas. Muchos ni siquiera saben de su existencia. Y tal vez ese hecho, el que sean un “tesoro por descubrir”, contribuya a hacerlas aún más atractivas.
Pese a estar muy cerca de Seclantás, la “cuna del poncho” salteño, y su ruta de los artesanos, las Cuevas de Acsibi, fantásticas formaciones naturales donde la luz, el color y las formas juegan a crear las atmósferas más sorprendentes, son poco visitadas. Aunque cada vez más.
En parte ello seguramente se debe a que no hay un camino para llegar directamente. Se lo hace en una excursión con gente del lugar, que conoce estas montañas y cada piedra como la palma de su mano y puede contar cientos de historias sobre la zona y sus tradiciones culturales.
Las cuevas de fuego
La excursión a las cuevas es sin dudas una de esas experiencias intensas, por paisajes increíbles: para llegar a estas cavernas salpicadas de estalactitas que asemejan enormes velas derretidas hay que atravesar primero un desfiladero de sorprendentes formaciones rocosas de arenisca rojiza y tonos muy intensos.
Un trayecto acompañado por juegos de colores, luces y sombras, ya que distintos huecos y entradas permiten la filtración de los rayos del sol a determinadas horas, luz que rebota en las paredes rojas, ocres y amarillas.
Esta zona era antiguamente habitada por los pulares, que formaban parte de la gran nación calchaquí, y se cree que las cuevas eran usadas como sitios para prácticas rituales, porque en ellas Fido encontró numerosos fragmentos de cerámicas.
La excursión a las cuevas se inicia en la hostería La Enramada -vecina a la finca Montenieva-, ubicada siete kilómetros al sur de Seclantás, a la mañana.
Se recorren 16 km en 4×4 por una quebrada seca (huella), y luego se camina por más de 4 horas en medio de un paisaje sorprendente; se pasa por el profundo cañadón multicolor de la Quebrada del Rincón y se sube por escaleras colgantes con asistencia de los guías.
Finalmente, se atraviesa otro cañadón de tonos rojizos hasta la formación de Acsibi, donde están las cuevas. Son 10,5 km de caminata de baja dificultad.
El lugar es también llamado Valle de Las Cuevas, aunque su nombre en lengua kakán significa “lugar donde está la luz o donde está el fuego”, porque es un sitio que suele concentrar numerosos rayos durante las tormentas eléctricas.
Las excursiones incluyen almuerzo: “Se come en un paisaje increíble, bajo un cielo increíble. Allí preparamos alguna carne de la zona, acompañadas por alimentos regionales como la quínoa, y degustamos un buen vino de altura”, describe Fido.
