¿Qué revela la momia inca llamada «La Doncella»?
Un descubrimiento en la cima del Llullaillaco permitió que la ciencia accediera a secretos de un antiguo ritual y a la visión sagrada de los Incas.
Una nueva investigación sobre la llamada niña del Quehuar, —los restos de una momia de origen inca hallados en la provincia argentina de Salta— será publicada en el número de noviembre de la revista Journal of Archaeological Science Reports. Según determinaron los autores, esa persona vivió a una altitud de 2.500 a 3.000 metros y tenía una dieta que incluía inusualmente algas marinas, lo que sugiere que estos elementos eran transportados a través de la vasta red de caminos del Imperio, conocida como el Qhapaq Ñan.
Este sistema de caminos facilitaba el intercambio de productos y era esencial para mantener unido el imperio. La presencia de algas en su dieta, un producto costero, en un entorno de alta montaña, refleja la sofisticación logística de los incas y posiblemente tenía también un propósito medicinal, dado su alto contenido de yodo.
El legado del Imperio Inca, que se extendió por la costa occidental de América del Sur desde 1438 hasta 1532, incluye una profunda y rica tradición en rituales, muchos de estos extremos para la visión del siglo XXI, como la Capacocha (o Qhapaq hucha), una de sus ceremonias más sagradas.
El sacrificio de niños era una cuestión central de los ritos incas. Las personas que iban a ser destinadas como ofrendas eran seleccionadas por su pureza, quienes eran llevadas al Cuzco para participar en diversas ceremonias antes de ser devueltos a sus comunidades y ser ofrecidas a las deidades locales. Esta práctica, que tenía lugar de abril a julio, involucraba complejas festividades y ofrendas con el objetivo de apaciguar a los dioses y preservar el equilibrio cósmico.
En este punto es preciso aclarar que no deben confundirse estos restos con los más famosos y extraordinariamente conservados de los niños del Lullaillaco, hallados en otro volcán salteño, en 1999, y que se conservan en el Museo de Arqueología de Alta Montaña de la ciudad de Salta.
Además, la alimentación de la niña, según los expertos, cambió en sus últimos meses de vida, ya que se hallaron muestras de que fue incrementado el suministro de maíz, un alimento de las élites en la sociedad inca, lo cual indica que la pequeña fue preparada especialmente para su sacrificio. Este detalle no solo subraya la importancia del ritual de la Capacocha, sino que también muestra cómo las clases altas locales podrían haber tenido un papel más activo en la preparación y realización de estos sacrificios, en lugar de una gestión centralizada desde Cuzco.
A pesar del daño causado, la momia de Quehuar conserva los restos de sus miembros inferiores y parte de la pelvis. La momia, cubierta con textiles congelados, fue colocada de manera deliberada frente a un nicho en la pared, posiblemente con un fin ceremonial vinculado al sacrificio humano. Aún hoy, el lugar y su asociación con un ritual de gran altura sigue siendo uno de los casos más excepcionales dentro de la arqueología incaica.
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